Siempre hay un final comienzo de otro momento,
un proceso infinito de arrastre sin remedio.
La luz sigue a la noche, la sombra al caos.
Eterno movimiento de formas con nombre impropio.
Nudos sin descifrar que escapan de la sin razón.
Y la risa cambió
el semblante mortecino de la tierra
dándole rostro a la tarde.
2 comentarios:
Excelente poema. NO sé decir más, excepto que la vida discure de forma imparable, cambiando siempre de semblanzas...
Un abrazo.
Menos mal que al final una risa lo arregla. A veces con algo que aparenta tan poco se logra mucho. Un saludo,
Andri
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