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martes, 30 de junio de 2009

Doce no son diez (Relato del otro lado)

Doce no son diez (relato del otro lado)
Pasear es un buen deporte; sobre todo pasear durante la atardecida, sobre la playa, con los pies descalzos pisando el agua del mar, la mirada puesta en el horizonte, relajada, viendo sin mirar, jugando con los pensamientos que afloran espontáneamente sin querer pensar; o mejor, haciendo que agua, mar, camino y pensamiento sea todo una forma de jugar. Ese es el deporte preferido por ella, la muchacha que, ataviada con un amplio vestido que le llega hasta media pierna, lleva un libro sujeto con el brazo haciendo una leve presión con el codo. Vista desde lejos parece una mujer irreal, un personaje femenino sacado de un cuento. No se sabe por qué, pero todas las mujeres de los cuentos tienen el cabello rubio, excepto las brujas; mas la protagonista de este paseo marítimo luce una melena negra, muy negra, corta pero llena de vida, como llenos de vida parecen estar cada uno de sus rasgos físicos, sobre todo su sonrisa. A su lado camina un hombre de edad madura que ha recogido sus pantalones dándose unas pocas vueltas. Ambos llevan en las manos, ella en la derecha y él en la izquierda, sus zapatos o sandalias. De vez en cuando, como si fuese parte de su conversación, ambos levantan sus cabezas para observar a la luna, ahora en cuarto creciente.
- Maestro, dijo ella, te voy a hacer la pregunta que todo el mundo se hace alguna vez pero cuya respuesta concreta jamás he podido leer o escuchar, ¿qué es vivir? Y otra más del mismo tipo, ¿para qué estamos aquí?
- Verás, mujer, dijo el viejo maestro a la inquieta muchacha de ojos que todo lo cuentan, de gesto que todo lo habla y de labios que todo exigen, verás, ni siquiera los sabios del mundo han logrado dejar claro y sin ambigüedad qué es vivir y para qué estamos aquí. Sin embargo, se cuenta en la mitología que el gran padre Zeus tenía en el dedo medio de su mano izquierda un bello anillo en el que estaba grabada la siguiente frase: Diez no son doce.
La bella mujer que tanto había luchado para serlo, no bella sino mujer, solicitó que su viejo maestro le sacara de sus dudas y, con un hilillo de su envolvente voz, suplicó.
- Maestro, ¿qué quiso decir Zeus con esa frase escrita en su anillo?
- ¡Buena pregunta! Tu pregunta es buena porque has usado la lógica para formularla. Pues bien, con esa frase Zeus quiso darle lógica al mundo, la misma que tú has empleado para formular la pregunta. Vivir es usar la lógica y a través de ella sabemos que el hombre anda sobre los dos pies, la nieve enfría y lo caliente quema.
- ¿Acaso vivir es usar siempre la lógica, querido maestro?
- ¿Crees tú que estaríamos dando este hermoso paseo si vivir fuese sólo usar la lógica? No, querida amiga, no. Pero la has empleado para entender que existen cosas en la vida que se salen de la lógica. Porque, ¿cómo explicar que el hombre honrado cumple con su deber, que el audaz se impone al débil y que el hombre necesita al hombre para cumplir sus grandes fines, que mil gotas componen el mar y que mucha agua mueve molino?
- Entonces, dijo la jovencita, el mundo está lleno de cosas lógicas y de otras no lógicas, y si esto es así, qué conducta debo tener yo?
El viejo profesor parecía atrapado porque no es necesario usar la lógica para entender todo lo que los sentidos son capaces de conocer, ni para comprender que no existe una moral sino cientos de ellas, tantas como sean necesarias para justificar en cada momento lo injustificable. Tampoco existe una única filosofía que explique el mundo, ni un profesor que lo aclare todo desde su cátedra. Tampoco los problemas son resueltos por la política, ¿qué hacer, qué decir?
- Verás, mujer, dijo el viejo maestro, escucha y entiende bien, lo único que mantiene al mundo es la propia naturaleza. De esta forma, vivir debe ser identificarte armoniosamente con la propia naturaleza, formar parte de ella, entender lo que te dice sin palabras.

Éste es el sueño que acompaña cada noche el sereno dormir de la joven. Cada noche se repite incansablemente y cada mañana, al ver a su viejo amigo le dice:
- Buenos días maestro, esta noche también me ha hablado la luna.

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