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sábado, 7 de marzo de 2009

nicrorrelato: ¡el abuelo se ha muerto!

Hoy, en este poyete de la plaza, frente a la escuela, quiero recordar al viejo Miguel.
Aquí se pasaba el día esperando a que su nieto, aquel pequeño de babero blanco y cartera a rastras, saliera del colegio. ¡Sólo un día faltó!
Y el pequeño, en su cándida intuición, con la cartera más perezosa que nunca, al verme, exclamó: ¡Se ha muerto el abuelo!
Ahora lo recuerdo y, en sus ojos ruinosos, una mirada opaca que no obstante, sonreía. Y unas palabras siniestras en sus labios de un adusto ocre: Niña, ¿yo qué hago ya aquí? Otra cosa era cuando estaba la principal. Ella me quería, ella…
Y frías lágrimas congelaban su mirada y ahogaban sus palabras.
Sí, comido de arrugas, comido de achaques... ¡Sólo un día faltó!
El día que dejó este poyete, nos dejó a todos y se fue con la “principal” que en algún lugar, de alguna manera, lo esperaba.
¡Quién tuviera tanta fe! Seguro, seguro que un, una “principal”, entre luceros y estrellas, nos estaría esperando al otro lado de la vida.

2 comentarios:

tino dijo...

Isabel precioso y delicado relato de la vida cotidiana...hay muchas situaciones donde el deseo, como en el cuento, de lo postrero se vuelve impulso. Me encantó este sentimiento universal expresado desde ese rincón donde el cruce de miradas y de sentimientos es natural: la plaza. El rincón-vigía, el poyete, es ese punto desde donde nuestras perspectivas se vuelven críticas y nos olbiga a analizar los claro-oscuros exitenciales. Me gustó. Un abrazote. Tino

Isabel Aguera Espejo-Saavedra dijo...

Gracias, Tino: Sí, lo mío es siempre el humilde "poyete". Son demasiadas cosas las que se nos escapan por no tener tiempo ni tan siquiera de un respiro para mirar y ver qué pasa rozándonos la piel. Siempre estaré ahí para coleccionar microrrelatos de vida: de muerte, también. Gracias. Un abrazo.